sábado, 16 de enero de 2010

San Marcos, cierra.

San marcos sierra
me cierra por todas partes.

El primer día me puse nerviosa porque quise saber cuál era el verdadero nombre del lugar:
san marco sierras/san marcos sierras/san marcos sierra/sans marcos sierras
(la última poco probable me dijo un oriundo).
Entendí a las pocas horas que cada uno decía como quería, y sobretodo, que a nadie le ponía nervioso lo mismo que a mi, por lo que decidí dejar de preocuparme y empezar a disfrutar.
La incertidumbre fue derrotada por un sabroso mate
hecho con el primer fueguito del viaje, que todo lo deja.

Un hippie viaje, en un hippie pueblo
de gente que trabaja, pinta, canta, baila
baja al río con mate y cositas naturistas
y se va a dormir entre vientos fuertes y cerros blandos.
Aunque no soy partidaria de algunas generalizaciones
podría decir que la mayoría de los lugareños
son de esa gente que te presta atención al hablar
te miran a los ojos de forma profunda y sincera
y son de rápida y dientosa sonrisa.

El pueblo, no me queda claro, tiene una cuadra y media a la redonda
de bambula y aceitunas negras.
Eso es todo, básicamente
eso y un Runa Mishky empeñado
(¿donde se hacen peñas?)
en hacernos más felices a todos.

Las velas no abundan ni faltan
pero a la medianoche generalmente la luz se corta
y los tambores florecen
entre tumbos
en la plaza, oscura, bañada en los cielos que sólo san marcos sabe estrellar.

En la plaza parecía pasar todo
pero no pasaba nada, o sea
sólo pasaba la gente,
y si pasaba algo era muy poco. Algún sapo, varias chichinas, un vino.
Siempre lo de siempre.
Vernos las caras, saludarnos,
¿cómo estuvo la venta hoy?
mañana parece que llueve,
trueque de pulsera por trufa
de bufanda por miel
de libro por abrazo.

No hay comentarios: