martes, 16 de septiembre de 2008

Memorias del subsuelo

En la tan querida parri de serrano, la otra noche, comentamos entre amigas nuestros miedos infantiles más profundos, y, no casualmente, resultaron demasiado similares.
Enumeramos los siguientes:
-Horror al dormir destapadas.
-Miedo de mirarse en el espejo y ver a alguien más que no fuera nosotras mismas.
-Miedo de mirarse al espejo y reconocer una figura por detrás.
-Terror al estar en la cama y sentir una presencia dando vueltas.
-Imposibilidad de comprobar si esa presencia era algo/alguien o no, porque frente al miedo probablemente éste iba a funcionar como condicionante para efectivamente comprobar que sí había ese algo/alguien y tal vez moríamos del miedo. En cambio, con la simple suposición no moríamos, tan sólo temblábamos.
-Todas rezábamos, por algo. Especialmente porque no entraran ladrones a nuestras casas.
-A ninguna le gustaba quedarse sola.
Yo, por mi parte, me asustaba si mi madre no volvía a las seis y media en punto del trabajo, me asomaba al balcón cada día para verla bajarse del taxi y saludarnos, siempre la misma rutina. También me daba miedo que pusieran una bomba en el colegio, en la época que empezaron las bromas telefónicas de amenazas. Un día de amenaza yo fui al colegio y fue la primera vez que la sensación de susto me hizo doler la cabeza por varios días.
Le tenía pánico a las abejas y al apendicitis, y ahora también, solo que aprendí a convivir mejor con ellos, y creo que hubiese sido mucho más feo que me pasara alguna de estas dos cosas más antes que después.
Y el otro día, hablando con B., comentamos acerca de la construcción de una suerte de montaña, utilizando el mejor lenguaje figurado, construcción que implica mucho empeño, dedicación, profunda delicadeza y paciencia, montaña, a su vez, factible de ser destruida en partículas de segundos.
Yo creo que es así la vida, como una montaña que se va construyendo lo más sanamente posible, pero que frente a la primera hilacha, puede desapilarse y crear un caos incorruptible.
Es muy dificil ser normal.
Nada es casualidad. Este post proviene de la incipiente lectura del oscuro Dostoievski.

No hay comentarios: