martes, 2 de octubre de 2012

Todas las que soy.

Una niña de ocho años
va conmigo a la verdulería
y me acompaña a dar clases de lengua
mientras me habla de su casa de Barbie.
Una chica de doce,
mientras se acomoda su corpiño deportivo,
me suelta la mano rebelde
y me deja en la puerta de la facultad.
Una adolescente tímida
me dice que los dolores de espalda
crecen junto a los malos pensamientos.
No te preocupes, después se van- me susurra.
Una mujer de abultado cabello me recomienda viajar.
Yo le digo que acuerdo,
pero que tengo otros horizontes.
Ella dobla por Corrientes, yo sigo por Mario Bravo.

Hoy a la noche no hay nadie.
Mientras escribo un verso espero
que se invente una nueva yo,
que me agarre de la mano y me lleve.