martes, 15 de junio de 2010

ANDRÉS CALAMARO

Ya pasó mi época de recitales. Así lo siento. Ya no me divierte, ya no me produce lo que solía producirme. Pero ayer fue fabuloso: en vez de entrar a mi clase de seminario sobre crítica literaria y ciencia, me escapé con la línea A y me fui desde Puán hasta el Luna Park. Un viaje fenómeno, en esos vagones de madera vieja, tan porteños, con el chofer asomando la cabeza en cada estación y la luz amagando constantemente con irse. Lo que más rescato, claro, es el acto espontáneo: mensajito de por medio, vamos? vamos! y chin pum. Se acabó el asunto. Es una de las cosas que me gusta de mí. (Eso y que no tardo más de tres minutos en hacer pis como el resto de las mujeres). Cuestión que llegué, banco Galicia mediante, y los revendedores brotaron como limoneros reales. Un mundo nuevo, aquel: mundo de tráfico de papelitos que no dan más que mucha desconfianza. Así como llegamos, compramos y entramos. Entramos y fuimos al baño y no tardamos más de cinco minutos. Entramos y cantamos más de quince temas (buen promedio para un recital, saber más de doce está muy bien). Entramos y cantamos temas centrales en mi vida: "ni hablar", "no tan Bs As", "todavía una canción de amor", "mi rock perdido", "ansia en plaza francia". Andrés tomó mate, habló de Cerati, cantó muy meloso y se emocionó bastante durante varios momentos. Entre que se emprolijó la porra y que está tan sanito, casi que me costó ver a Andrés detrás de Andrés. Lo bueno, claro, es que indiscutidamente sigue siendo él y es un genio.

1 comentario:

Luli dijo...

Me gusta esto!!!!!!!!!!