lunes, 8 de noviembre de 2010

Un deseo y otros más.

Quiero decir: "ay, qué normal que sos". O, "ay, qué raro es tal". Pero lo "normal" y lo "raro" y lo "anormal" son expresiones controversiales, que ya no se usan demasiado porque connotan algo que infringe cierto algo.
No sé, yo me cansé de dejar de usar palabras que quiero usar. Quiero decir lo que quiero decir.
También me cansé de que el word decida qué existe y qué no existe, con esa rugosa roja del carajo que achica nuestro mundo posible.
Voy a decir qué raro y voy a decir que vos sos raro, y si el word me subraya el voceo, que se meta bien su rugosidad en el culo. (murphy: en esta solemne ocasión, no me alertó nada respecto de la palabra "culo", guacho corrector subversivo).

Que me simpatizan.

Ni muy muy ni tan tan.
Ni fu ni fa.
Piola.
Macanudo.
Regio.
Salame.
Perejil.

Sutil modificación II

Una cosa es una cosa
y otra cosa es una cosa, también.

Cosas.

Me gustan los cuentacuentos,
me gustan los cuentachistes,
me gustan los que improvisan,
me gustan los resolvedores fugaces de juegos de ingenio,
me gustan los ajedrecistas y los profesionales del ping pong.
Me gusta Hong Kong.
Me gusta el árbol de palta y una maceta pintada de verde.
Me gusta el jazmín del país y un azulejo multicolor.
Me gustan esas guirnaldas de pajaritos orientales.
Me gusta que ayer haya sido el día del canillita.
Me gusta ir al teatro un lunes.
Me gusta un mapamundi inflable.

Imposibilidad del ser.

Si me importaran menos las cosas del mundo,
yo no sería yo.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Bronca del que se queda.

Si te morís, te mato.

Plan maestro.

Que dale, sí, que nos vemos ocho y media en la puerta del bar. Sí, en Paraguay y Scalabrini. -Ah, ¿sos de esos? Bueno, entonces dale. Nos encontramos a las ocho y media en la esquina de Paraguay y Canning, ¿ahora sí? Es que tenés que poder adaptarte a la nueva terminología, entendés capo, digo yo haciéndome la capa- (quedando,   claro está, como una reverenda pelotuda). Que no, que no pienso llevar minifalda, qué sos vos, qué te pensás, eh vo' loco. Nos reímos un poco pero con esa risa incómoda a la que expone cualquier tipo de diálogo celular. El mío en particular, tremendo zapatófono, abre grietas de incomunicación permanente.
Nos reímos, o creo yo que nos reímos; yo me estaba riendo, eso seguro. Quizás él tosía o hacía ruiditos imperceptibles, ni idea. Pero la cuestión es que ya me había empezado a doler la panza de los nervios y todavía no había pasado el peor de los momentos: el viaje en colectivo desde mi casa hasta el lugar del encuentro. Ese trayecto- y cuando digo ese digo cada uno de los trayectos pre-cita de la existencia de mi vida- es la exposición por antonomasia a la transpiración y a la histeria absoluta. Lo controlo un poco escuchando a Kevin Johansen en mi aparatito plateado, pero esa es sólo una estrategia de calma parcial: mi cara dice paz pero mi ritmo cardíaco dice guerra. Tarareo unos versos de no tenés ni idea, no tenés ni idea, y mientras canto, me voy imaginando el momento del saludo. Siempre practico sola el "hola" del principio. El hola que abre, mejor dicho, que puede abrir, los próximos holas del resto de nuestras vidas.
(Sí, así es mi cabeza, no hay con qué darle).
Siento que tiene que ser seductor y a la vez espontáneo y nada  estructurado. Una vez, me acuerdo, me salió exactamente como me lo había imaginado. Me quedé tan contenta con ese saludo, con mi voz, con mi respiración relajada, que al pibe no le di ni pelota, y fue la peor cita de mi vida. Todo por un hola de mierda.
Entre Kevin y un poquito de "Los románticos de la 100", llegué en dos patadas al bar, casi sin practicar mi hola. Mejor así, pensé, que sea lo que sea.
Pedir o no pedir café, esa es la cuestión. Digo, antes de que él llegue. Porque no pedir es como más servicial y cordial, pero pedir es independiente y fuerte. No sé qué soy, cuál de las dos. No sé, peor, cuál de las dos quiero ser. No sé nada.
Espero, decido esperar. Acerco el diario de la mesa de al lado, que está vacía. Lo robo, siento que lo estoy robando, lo despego rápido y me lo traigo cerquita, como si nunca hubiese estado en la otra mesa.
Viene el mozo, le digo que voy a esperar un poquito, que soy toda una caballera. El tipo me mira mal y se aleja, con una expresión de que no le rompa las pelotas. Yo igual estoy conforme con mi decisión, aunque buscaba en el mozo un poco de complicidad para este momento terriblemente angustioso que es la espera.
¿Por qué me hace esperar? ¿Por qué no llega él primero? ¿Qué, acaso no estaba lo suficientemente ansioso para salir con la anticipación adecuada? Pf. Insoportable, insoportable (yo).
Cada minuto dura quince minutos en el bar. En el bar sin él, claro.
Leí espectáculos, rapidito, y después agarré la sección de política, para hacerme la interesante. Siempre hago como que la hojeo, y esta vez no fue la excepción: me detuve en alguna de las páginas, estratégica, como para que cuando él llegue yo fuera una chica bien, una chica que lee cosas bien.
Llegó. Justo acorde con mi plan.
-Qué leés.
-Nada, me estaba haciendo un rato la linda.

Es sólo una cuestión de actitud.

Cuando los camioneros le gritan
guasadas desde la cabina movilizada,
ella saluda sonrojada y les tira un beso.

temores del yo.

días como hoy,
existirme
me asusta.

¿Secuencia de amor?

LLAMO----LL
LAMO  -----L
AMO    ----
(el amor es mudo).
//
Amor: hoy a la noche te llamo.
Amor: hoy a la noche te lamo.
Amor: hoy a la noche te amo. 

martes, 2 de noviembre de 2010

De hombres y mujeres.

Que sí, que me gustás, que gusto de vos, que sos divina, pero que las cosas son medio complicadas. Por qué complicadas, pregunto yo, con un aire de que no sé de qué mierda me habla pero sabiendo perfectamente de qué mierda me habla. Siempre tiendo a hacer eso: mierdas del lenguaje, mierdas de la expresión, como desfigurando una realidad tan nítida como inexplicable. Me hago la que no cuando absolutamente sí. Entonces empieza con que los caminos, las vidas desencontradas, los tiempos desfasados; la mierda de la puta que lo parió. Y yo encima, bien pelotuda, hablo rápido después de él. Verborrágica, descompensada, como queriendo convencerlo, convencerlo de algo que no sé qué es. Le digo que ta, que entiendo lo que dice, pero que se fije porque no todo es tan radical y que si uno no se juega nunca se sabe cómo termina. El tema está en querer tirarse a la pileta, termino diciendo. Pero quién carajo me manda a decir semejante estupidez, como si de mi boca salieran palabras de la revista Para Ti.
Bueno, nada. Que te acompaño a la parada de bondi, que no, que andá a cagar, que no te hagas el bueno para hacer que terminamos bien la noche, careta, que bien sabés que en estos momentos sos un flor de pelotudo. Pero pará nena, no te pongas así, histérica, sabés que sos hermosa, sabés todo lo que te quiero y lo que significás para mí, tampoco te hagas la que te estoy martirizando, sólo quiero actuar con las cosas más claras de las que las tengo.
Me prendí un pucho como si me quedaran cinco minutos de vida, y en esos cinco minutos tuviera que fumar lo más rápido posible para aprovechar los minutos restantes a ese cigarrillo. Me lo arrancó de la boca y lo tiró al piso. Típico de él, tan él. Me enojé. Que sos un pelotudo, que no estamos jodiendo, que no todo en la vida es una joda . Y yo dale con la bajada de línea estupidizante, por qué no se me ocurrían cosas inteligentes. Siempre me pasaba eso: el hijo de puta tiene la palabra justa y yo, como una gila de aquellas, sólo podía hablar con vocabulario Casi Ángeles. Mierda.
Me prendí el segundo pucho y me lo fumé hasta el final.
Hicimos silencio. Como quince minutos.
Nos miramos, nos dejamos de mirar, volvimos a mirarnos. Todo en silencio.
Me acompañó hasta la parada del bondi, y me dijo que bueno, que tenía que pensar bien, que el viernes se iba a Uruguay a refrescar la cabeza. Y que volvía y me llamaba, al menos para ir a tomar algo.
Le dije que las cosas no eran así. Que yo no quería más, que yo así no quería más. Que no quería más de él ni de ningún hombre. Que me iba a volver lesbiana. O antisocial.
Nos reímos.
Vino el bondi.
No me lo tomé.
Ni ese ni ninguno.
Caminamos y abrimos un vino tinto de madrugada.

Basado en:

lunes, 1 de noviembre de 2010

Complicada.

Incluso cuando estoy muy divertida
siento que me aburro.

Una de dos.

O los demás están creciendo rápido
o yo lento.

Mañana

Va a ser hoy en algún momento
(mañana).

Hoy

No pasó tanto ni tan poco.
No pasó tanto pero tampoco pasó tan poco.